2 nov 2010

Sol de Media noche (desde el capitulo 12)

Capítulo 12
Complicaciones
Bella y yo caminamos en silencio hacia Biología. Yo intentaba concentrarme en el
momento, en la chica que estaba a mi lado, en lo que era real y sólido, en cualquier cosa que mantuviera las visiones sin sentido de la mentirosa Alice, fuera de mi cabeza.
Pasamos al lado de Angela Weber, que estaba discutiendo con un chico en la acera
sobre un trabajo de su clase de trigonometría. Escudriñé sus pensamientos
superficialmente, esperando mas decepciones, solo para sorprenderme por su nostalgia. ¡Ah! Entonces si había algo que Angela quería. Desafortunadamente, no era algo que pudiera ser fácilmente envuelto en regalo.
Me sentí extrañamente consolado por un momento, escuchando la esperanza de
Angela, anhelando. Un sentido de deuda que Angela nunca sabría pasó a través de mí, y yo era, uno de la misma especie que la chica humana.
Era extrañamente consolable saber que no era el único que estaba viviendo una
trágica historia de amor. Los corazones rotos estaban en todas partes.
Al segundo siguiente estaba abruptamente irritado. Porque la historia de Angela no tenía por qué ser trágica. Ella era humana y él era humano y la diferencia que parecía tan insuperable en su cabeza era ridícula, verdaderamente ridícula comparada con mi propia situación. No había razón para que su corazón estuviera roto. Que inútil tristeza, cuando no había razón válida para que ella no estuviera con quien quisiera estar. ¿Por qué ella no podía estar con quien quisiera? ¿Por qué esta historia no podía tener un final feliz?
Yo quería regalarle algo… Bueno, le daría lo que ella quería. Aún sabiendo lo que
sabía de la naturaleza humana, esto probablemente sería muy difícil. Me adentré en la conciencia del chico que estaba a su lado, el objeto de su atracción, y el no parecía indiferente, el estaba en la misma dificultad en la que estaba ella. Esperanzado y resignado, de la manera en la que ella estaba.
Todo lo que debía hacer era plantear las sugerencias….
El plan se formó rápidamente, el guión se escribió por sí solo sin esfuerzo por mi
parte. Necesitaría la ayuda de Emmet. Mantenerlo en esto era la verdadera dificultad. La
naturaleza humana era más fácil de manipular que la naturaleza vampírica.
Estaba complacido con mi solución, con mi regalo para Angela. Era una buena
distracción para mis propios problemas. ¿Sería que los míos se arreglarían fácilmente?
Mi humor estaba un poco mejor cuando Bella y yo tomamos nuestros asientos.
Quizás debería ser más positivo. Quizás había una solución para nosotros escapándoseme.
La obvia solución de Angela era tan invisible para ella. No como… ¿pero para qué
desperdiciar tiempo con esperanza? No tenía tiempo para desperdiciar cuando estaba con
Bella. Cada segundo importaba.
El señor Banner entró arrastrando una antigua televisión y un video. Se estaba
saltando una unidad en la que él no estaba particularmente interesado, desorden genético,
mostrando una película por los próximos tres días. El aceite de Lorenzo no era una pieza
muy alegre, pero eso no paró la excitación en el aula. Sin tomar notas, sin pruebas. Tres
días libres. Los humanos estaban entusiasmados.
A mí no me importaba, de todos modos. No estaba planeando prestarle atención a
nada excepto a Bella.
Hoy no alejé mi silla de la suya dándome espacio para respirar. Al contrario, me
senté cerca de ella como haría cualquier otro humano. Más cerca de lo que nos habíamos
sentado en mi coche, lo suficientemente cerca para que mi lado izquierdo se sintiera
sumergido en el calor de su piel.
Era una experiencia extraña, alegre y atrevida, pero prefería esto a sentarme al otro
lado de la mesa. Era más de lo que estaba acostumbrado, y rápidamente me di cuenta que
no era suficiente. No estaba satisfecho. Estando así de cerca solo me hacía querer estar más
cerca. El impulso era más fuerte cuanto más cerca estaba.
Yo la había acusado de ser un imán para el peligro. Ahora parecía una verdad literal.
Yo era peligroso, y, con cada centímetro que me permitía mas cerca de ella, su atracción
crecía con fuerza.
Entonces, el señor Banner apagó las luces.
Era raro ver la diferencia en esto, considerando que la falta de luz significaba poco
para mis ojos. Podía ver perfectamente como antes. Cada detalle del aula estaba claro.
Entonces, ¿por qué el repentino shock de electricidad en el aire, en la oscuridad que
no era oscuridad para mí? ¿Era porque sabía que era el único que podía ver claramente?
¿Era que Bella y yo éramos invisibles para los demás? Como si estuviéramos solos, solo
nosotros dos, escondidos en el aula oscura, sentados tan cerca el uno del otro…
Mi mano se movió sin mi permiso hacia ella. Solo para tocar su mano, para
sostenerla en la oscuridad. ¿Sería esto un error tan terrorífico? Si mi piel le molestaba, ella
solo debía alejar su mano…
Aparté mi mano, me crucé de brazos fuertemente alrededor de mi pecho y apreté mis
manos cerradas.
Sin cometer errores.
Me había prometido a mí mismo que no cometería errores, no importaba cuán
mínimos parecieran ser. Si sostuviera su mano, solo querría más, otro insignificante toque,
otro movimiento más cerca de ella. Podía sentirlo. Un nuevo tipo de deseo estaba
creciendo en mí, trabajando para derribar mi autocontrol.
Sin cometer errores.
Bella cruzó sus brazos sobre su pecho con sus manos cerradas en puño, como las
mías.
¿En que estas pensando? Me estaba muriendo por susurrarle esas palabras, pero el aula
estaba tan silenciosa,… como para interrumpirlo con una conversación en susurros.
La película empezó, iluminando solo un poco la oscuridad. Bella me miró. Ella notó
la rígida postura que sostenía mi cuerpo, como la de ella, y sonrió. Sus labios se separaron
un poco, y sus ojos se veían llenos de una cálida invitación.
O quizás yo solo estaba viendo lo que quería ver.
Le devolví la sonrisa, su respiración se entrecortó y ella miro rápidamente hacia otro
lado.
Eso lo hizo peor. No conocía sus pensamientos, pero de repente estaba seguro que
antes tenía razón, y que ella quería que la tocara. Ella sentía este peligroso deseo como
yo.
Entre su cuerpo y el mío, la electricidad zumbaba.
Ella no se movió en toda la hora, manteniendo su rígida y controlada pose, como yo
mantenía la mía. De vez en cuando ella me miraba, y la apetecible electricidad se sacudiría
a través de mí con un repentino shock.
La hora pasó lentamente, pero no lo suficientemente lenta. Esto era tan nuevo, podía
sentarme con ella así durante días, solo para experimentar este sentimiento
completamente.
Tenía una docena de diferentes argumentos conmigo mientras los minutos pasaban,
luchando racionalmente con el deseo cuando yo intentaba justificar el tocarla.
Finalmente, el señor Banner encendió las luces.
En la luminosidad de la luz fluorescente, la atmósfera del aula volvió a la
normalidad. Bella suspiró y se estiró, flexionando sus dedos en frente de ella. Debió ser incómodo para ella mantener esa posición tanto tiempo. Fue más fácil para mí, la inmovilidad venía naturalmente.
Me reí entre dientes ante la expresión de alivio de su rostro.
— Bueno, ha sido interesante.
— Mmm —murmuró, claramente entendiendo a qué me refería, pero sin hacer
ningún comentario al respecto.
Qué no hubiera dado por saber que era lo que estaba pensando ahora.
Suspiré. Desearlo más no iba a ayudarme en nada.
— ¿Nos vamos? —Le pregunté mientras me levantaba.
Ella hizo una mueca y se tambaleó sobre sus pies, puso sus manos en la mesa como si
tuviera miedo de caerse.
Podría ofrecerle mi mano. O podría poner mi mano debajo de su codo, ligeramente y
así, estabilizarla. Seguramente no sería una infracción tan terrible…
Sin cometer errores.
Ella estuvo muy callada cuando caminamos hacia el gimnasio. La arruga entre sus
ojos estaba en evidencia, un signo de que ella estaba pensando profundamente.
Un toque a su piel no la dañaría, mi egoísmo competía.
Podría moderar fácilmente la fuerza de mi mano. No era precisamente difícil, cuando
estaba firmemente controlado. Mi sentido dactilar revelaba más que el de un humano.
Podría rasgar una docena de cristales sin romper ninguno. Podría acariciar una burbuja de
jabón sin pincharla. Siempre que estuviera firmemente controlado…
Bella era como una burbuja de jabón, frágil y efímera. Temporal.
¿Cuánto tiempo sería capaz de justificar mi presencia en su vida? ¿Cuánto tiempo me
quedaba? ¿Tendría otra oportunidad como esta, como este momento, como este segundo?
Ella no estaría siempre al alcance de mis brazos…
Bella dio la vuelta para mirarme en la puerta del gimnasio, y sus ojos se ensancharon
ante la expresión de mi rostro. Ella no habló. Me vi a mi mismo en el reflejo de sus ojos y
vi el conflicto dentro de mí. Vi el cambio en mi rostro cuando mi lado bueno perdió la
disputa.
Mi mano se levantó sin una orden consciente para hacerlo. Tan gentilmente como si
ella estuviera hecha del vidrio más fino, como si fuera frágil como una burbuja. Mis dedos
acariciaron la suave piel que cubría su pómulo. Se acalora debajo de mi tacto, y pude
sentir el pulso de la sangre debajo de su transparente piel.
¡Suficiente!, me ordené. Sin embargo mi mano quería modelar el lado de su rostro.
¡Suficiente!
Fue difícil alejar mi mano, frenarme para moverme más cerca de ella de lo que ya
estaba. Mil posibilidades diferentes corrieron a través de mi mente en un instante, mil
maneras diferentes de tocarla. La punta de mis dedos trazando la forma de sus labios. Mi
palma rozando su barbilla. Quitándole el coletero de su pelo y dejándolo esparcirse a
través de mi mano. Mis brazos enrollándose alrededor de su cintura, sosteniéndola contra
de la longitud de mi cuerpo.
¡Suficiente!
Me esforcé por darme la vuelta, para alejarme de ella. Mi cuerpo se movió
forzadamente, vacilando hacerlo.
Dejé de resistir a mi mente de mirarla mientras caminaba forzadamente, casi
corriendo de la tentación. Capturé los pensamientos de Mike Newton, eran los más
ruidosos, mientras veía a Bella caminar a su lado, sus ojos desenfocados y sus mejillas
rojas. El se ruborizó y de repente mi nombre se mezcló en sus pensamientos. No pude
evitar sonreír abiertamente en respuesta a eso.
Mi mano me estaba hormigueando. La flexioné y luego la cerré en un puño, pero
continúo con una picadura sin dolor.
No, no la había herido, pero tocarla había sido un error.
Sentía como fuego, como la sed quemando en mi garganta que se propagaba a lo
largo de mi cuerpo entero.
¿La próxima vez que estuviera cerca de ella sería capaz de frenarse para no tocarla
otra vez? ¿Y si la tocaba una vez más, sería capaz de detenerme allí?
Sin cometer más errores. Eso era todo.
¡Saboréalo en la memoria, Edward!, me dije gravemente, ¡y mantén tus manos quietas!
Eso o me obligaría a irme… de alguna manera. Porque no podía permitirme a mí
mismo a estar cerca de ella si insistía en cometer errores.
Respiré profundamente y traté de establecer mis pensamientos.
Emmet me alcanzó fuera del edificio de Inglés.
— ¡Hola, Edward! Se te ve mejor. Raro, pero mejor. Contento.
— ¡Hola, Em! —¿Me veía feliz? Supuse que a pesar del caos en mi cabeza me sentía
de ese modo.
Trata de mantener tu boca cerrada, chico. Rosalie quiere desgárrate la lengua.
Suspiré.
— Lo siento te dejé llevar eso solo. ¿Estás enfadado conmigo?
— No. Rose lo superará. Esto iba a pasar de todos modos. Con lo que Alice vio que
venía…

La visión de Alice no era algo en lo que quisiera pensar ahora mismo. Miré fijamente
hacia delante con los dientes apretados.
Mientras buscaba una distracción, capté un suspiro de alivio de Ben Cheney
entrando al aula de Inglés delante de nosotros. ¡Ah! Aquí estaba mi oportunidad para
darle a Angela su regalo.
Me quedé quieto y agarré el brazo de Emmet.
— Espera un segundo.
¿Qué pasa?
— Se que no me lo merezco, pero ¿me harías un favor de todos modos?
— ¿Cuál? —Preguntó curioso.
Por debajo de mi respiración y a una velocidad que hubiera hecho las palabras
incomprensibles para un humano sin importar cuán fuerte habrían hablado, le explique lo
que quería.
Me miró fijamente en blanco cuando terminé, con sus pensamientos en blanco como
su rostro.
— ¿Entonces? —Le pregunte.— ¿Me ayudarás a hacerlo?
Le llevó un minuto responder.
— Pero, ¿por qué?
— Vamos, Emmet. ¿Por qué no?
¿Quién diablos eres tú y que has hecho con mi hermano?
— ¿No eras tú el que te quejabas de que el instituto era siempre lo mismo? Esto es un
poquito diferente, ¿no? Considéralo como un experimento, un experimento con la
naturaleza humana.
Se me quedó mirando un momento antes de contestar.
— Bueno, esto es diferente. Te doy la razón en eso… ¡Vale, está bien! —Emmet bufó
y luego se encogió de hombros. — Te ayudaré.
Le sonreí de oreja a oreja sintiéndome más entusiasmado ahora porque él me
ayudaría. Rosalie era una molestia, pero siempre le debería una por haber elegido a
Emmet, nadie nunca ha tenido un hermano mejor que el mío.
Emmet no tenía que practicar. Le susurré sus líneas por debajo de mi respiración una
sola vez mientras caminábamos hacia el aula.
Ben ya estaba sentado en su asiento detrás del mío, organizando su tarea para
entregar. Emmet y yo nos sentamos e hicimos lo mismo. El aula no estaba en silencio
todavía; el murmullo de las conversaciones continuaron hasta que la Sra. Goff pidió
atención. Ella no tenía apuro evaluando los interrogatorios de la clase anterior.

— Entonces,… —dijo Emmet, con una voz más fuerte de lo necesaria si me estuviera
hablando a mi solamente.— ¿Ya invitaste a salir a Angela?
El sonido de los papeles detrás de mí se detuvo abruptamente cuando Ben fijó su
atención repentinamente en nuestra conversación.
¿Angela? ¿Están hablando de mi Angela?
¡Bien! Ya me estaba prestando atención.
— No —dije, meneando la cabeza lentamente para aparentar angustiado.
— ¿Por qué no? —improvisó Emmet— ¿Eres un cobarde?
Le dediqué una mueca.
— No. Escuché que ella estaba interesada en otra persona.
¿Edward Cullen va a invitar a salir a Angela? Pero… Esto no me gusta. No lo quiero
cerca de ella. Él no le conviene. No es… seguro.
No había previsto su instinto protector. Estaba trabajando para los celos. Pero lo que
sea, que funcionara.
— ¿Vas a dejar que eso te detenga? —Preguntó Emmet con desdén, improvisando
otra vez.— ¿No soportas la competencia?
Usé lo que él me dio.
— Mira, creo que a ella realmente le gusta un tal Ben. No la voy a intentar convencer
de que cambie de opinión. Hay otras chicas.
La reacción en la silla detrás de mi fue eléctrica.
— ¿Quien? —preguntó Emmet, volviendo al guión.
— Mi compañera de laboratorio dijo que era un tipo llamado Cheney. No estoy
seguro de quien es.
Traté de no sonreír. Solo los Cullens podrían alejarse fingiendo no conocer a todos
los estudiantes de éste minúsculo instituto.
La cabeza de Ben daba vueltas en shock.
¿Yo? ¿Por encima de Edward Cullen? ¿Pero por qué le gustaría a ella?
— Edward —murmuró Emmet en un tono más bajo, poniendo los ojos en blanco en
dirección al chico.— El está detrás de ti. —Articuló con los labios, pero obviamente el
humano podría fácilmente oir las palabras.
— ¡Oh! —murmure disimuladamente.
Giré en mi asiento y miré al chico detrás de mí. Durante un segundo, los ojos negros
de detrás de las gafas estaban asustados, pero después el se envalentonó y cuadró sus
angostos hombros, afrontando mi clara evaluación. Su mentón se levantó y un rubor de
enfado oscureció su piel marrón dorada.
— Oh —dije arrogantemente mientras me giraba hacia Emmet.
El se cree que es mejor que yo. Pero Angela, no. Se lo demostraré.
Perfecto.
— ¿No dijiste que ella iría al baile con Yorkie? —preguntó Emmet, bufando cuando
dijo el nombre del chico.
— Eso fue una decisión aparentemente arreglada. —Quería asegurarme de que Ben
tuviera esto claro.— Angela es tímida. Si Be… bueno, si el chico no se atreve a invitarla a
salir, ella nunca se lo pedirá a él.
— A ti te gustan las chicas tímidas —dijo Emmet, volviendo a la improvisación.—
Chicas tranquilas. Chicas como…no lo sé. ¿Quizás Bella Swan?
Le hice una mueca.
— Exactamente,… —retomé la actuación.— quizás Angela se canse de esperar.
Quizás la invite al baile de fin de curso.
¡No! ¡-no lo harás! —Pensó Ben, enderezándose en la silla.— Entonces, ¿qué pasa si
ella es mucho más alta que yo? Si a ella no le importa, entonces a mí tampoco. Ella es la chica más
buena, inteligente y guapa de este instituto… ¡Y ella me quiere a mí!
Me gustaba este Ben. Parecía listo y bueno gente. Quizás incluso valía la pena para
una chica como Angela.
Levanté mi pulgar, hacia Emmet, debajo del escritorio, cuando la Sra. Goff se paró y
saludó a la clase.
¡Está bien! Lo admito, esto fue divertidísimo. —Pensó Emmet.
Me sonreí a mí mismo, complacido de haber sido capaz de cerrar una historia de
amor con un final feliz. Estaba seguro de que Ben continuaría sólo con esto, y Angela
recibiría mi regalo anónimo. Mi deuda estaba saldada.
¡Qué tontos eran los humanos para dejar arruinar su felicidad por seis centímetros de
diferencia de altura!
Los acontecimientos me pusieron de buen humor. Sonreí otra vez mientras me
acomodaba en la silla y me preparaba para el entretenimiento. Después de todo, como
Bella había señalado en el almuerzo, nunca la había visto en acción en su clase de
gimnasia.
Los pensamientos de Mike fueron los más fáciles de encontrar, la burbuja de voces
del gentío que atravesaba el gimnasio. Su mente se había vuelto tan familiar en las últimas
semanas. Con un suspiro me resigné a escuchar a través de él. Al menos podía estar
seguro que él le estaría prestando atención a Bella.
Estaba justo a tiempo de escucharlo ofreciéndole a Bella ser su compañero de
bádminton, mientras él hacia la sugerencia, otros pensamientos corrieron por su mente. Mi sonrisa de desvaneció, apreté los dientes, y tuve que recordarme que asesinar a Mike Newton no era una opción válida.
— Gracias Mike, no tienes por qué hacerlo, lo sabes.
— No te preocupes, me mantendré fuera de tu camino.
Ambos se sonrieron y flashes de algunos accidentes, siempre de alguna manera
conectados con Bella, pasaron por la cabeza de Mike.
Mike jugó solo al principio, mientras que Bella en la mitad de la cancha, sostenía su
raqueta cautelosamente, como si fuera una especie de arma. El entrenador Clapp le ordenó
a Mike que dejara jugar a Bella.
Oh, oh. —Pensó Mike mientras iba hacia delante con un suspiro, sosteniendo su
raqueta, en un ángulo extraño.
Jennifer Ford lanzó el primer saque directamente hacia Bella con una vuelta engreída
en sus pensamientos. Mike vio a Bella tambalearse hacia él, balanceando la raqueta yardas
anchas de su objetivo, y él se apresuró para intentar salvar el punto.
Vi la trayectoria de la raqueta de Bella con alarma. Seguro, esta tocaría la tensa red y
regresaría a ella, sosteniendo su frente antes de que ésta golpeara el brazo de Mike con un
clamoroso ruido.
Oh. Oh. Agh. Eso me dejara un moratón.
Bella se tocaba la frente. Fue difícil quedarme en mi asiento, sabiendo que ella estaba
herida. Pero, ¿qué mas podría hacer si estuviera allí? Y no parecía ser tan serio… vacilé,
mirando. Si Bella intentaba seguir jugando inventaría una excusa para arrastrarla fuera de
la clase.
El entrenador se rió.
— Lo siento Newton. Esta chica es la peor gafe que he visto. No debería jugar con los
demás…
Dio la media vuelta deliberadamente y se movió para ver otro partido, así Bella
podría volver a formar parte del rol de espectador.
Oh, —Pensó Mike otra vez, masajeándose el brazo. Se volvió hacia Bella.— ¿Estás
bien?
— Sí, ¿y tú? —preguntó ella avergonzada, ruborizándose.
— Creo que lo estaré. — No suenes como un bebé llorón. Pero, hombre, ¡esto sí que duele!
Mike giró su brazo en un círculo, haciendo una mueca de dolor.
— Me quedare ahí atrás —Dijo Bella. Quizás Mike se llevó la peor parte. Ciertamente
esperaba que ese fuera el caso. Al menos ella no estaba jugando más. Ella sostenía cuidadosamente su raqueta detrás de su espalda, con sus ojos llenos de remordimiento…
tuve que disfrazar mi risa, tosiendo.
— ¿De qué te ríes? —Pregunto Emmet.
— Luego te lo cuento —murmure.
Bella no se aventuró a jugar nuevamente. El entrenador la ignoró y dejó que Mike
jugara solo.
Terminó la tarea al final de la hora y la Sra. Goff me dejó salir temprano. Estaba
escuchando intensamente a Mike mientras caminaba a través del campo. Estaba decidido a
preguntarle a Bella a cerca de mí.
Jessica jura que están saliendo. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que elegirla a ella?
El no se daba cuenta de que el verdadero fenómeno, era que ella me había elegido a
mí.
— Entonces.
— Entonces,… ¿qué? —pregunto ella sorprendida.
— ¿Tu y Cullen? — Tu y el fenómeno.Supongo que ser un chico rico es importante para ti…
Apreté los dientes ante su degradante suposición.
— No es de tu incumbencia Mike.
Defensiva. Entonces es verdad. ¡Mierda! — No me gusta.
— No tiene por qué gustarte —replicó.
¿Por qué no puede ver el espectáculo de circo que es él? Como todos. El modo en que en la
mira. — Me da escalofríos su mirar. Te mira como si fueras... algo para comer.
Sentí vergüenza, esperando su respuesta.
Su cara se volvió roja, y sus labios presionados juntos como si estuviera conteniendo
la respiración. Luego, de repente, una risa salió de sus labios.
Ahora ella se está riendo de mí. ¡Genial! —pensó Mike.
Mike dio la vuelta, con pensamientos malhumorados, intentando distraerse.
Me recosté en la pared del gimnasio y traté de componerme.
¿Como pudo haberse reído de la acusación de Mike? ¿Cómo pudo haberse reído de
la sugerencia de que yo la podría matar, cuando ella sabía que era verdad? ¿Donde estaba
lo gracioso en eso?
¿Que estaba mal en ella?
¿Tenía un morboso sentido del humor? Eso no cambia mi idea de su carácter, pero,
¿cómo podría estar seguro? O quizás mi fantasía del ángel era verdad en ese respecto, que
ella no tenía sentido de miedo después de todo. Valiente, esa era la palabra para esto.
Otros dirían estúpida, pero yo sabía lo inteligente que era. No importaba la razón de esta carencia de miedo o doble sentido del humor, no era bueno para mí. ¿Era esta extraña
carencia la que la ponía en peligro constantemente? Quizás ella siempre me necesitaría
aquí…
De repente, mi humor se elevó.
Si solo podría disciplinarme, hacerme seguro para ella, entonces quizás sería correcto
para mi quedarme con ella.
Caminó a través de la puerta del gimnasio, con sus hombros rígidos y su labio
inferior entre sus dientes otra vez, un signo de ansiedad. Pero tan pronto como sus ojos
encontraron los míos, sus rígidos hombros se relajaron y una amplia sonrisa se extendió
por su rostro. Era una extraña expresión de paz. Caminó hacia mi sin dudar, solo
deteniéndose cuando estaba tan cerca de mí como para que el calor de su cuerpo me
golpeara como un maremoto.
— ¡Hola! —susurró.
La felicidad que sentí en ese momento fue, otra vez, sin precedente.
— ¡Hola! —dije y ya que mi humor estaba tan ligero, no pude resistirme a tomarle el
pelo y agregué,— ¿Qué tal en gimnasia?
Su sonrisa titubeo.
— Bien.
Era una pésima mentirosa.
— ¿De verdad? —pregunté para discrepar, todavía estaba preocupado por su cabeza,
¿le dolía? Pero los pensamientos de Mike
concentración.
Lo odio. Desearía que estuviera muerto. Espero que choque con su brillante coche. ¿Por
qué no la puede dejar sola? Permanecer con los de su clase, con los fenómenos.
— ¿Qué? —preguntó Bella.
Mis ojos la enfocaron.
— Newton me pone de los nervios —admití.
Su boca se abrió, y su sonrisa desapareció. Ella debía haber olvidado que yo tenía el
poder para mirar su desastrosa última hora, o quizás esperaba que yo no la utilizara.
— ¿Estuviste escuchando otra vez?
— ¿Cómo esta tu cabeza?
— ¡Eres increíble! —dijo a través de sus dientes, y luego dio la vuelta y se alejó de mi
dirigiéndose al aparcamiento. Su piel se ruborizó de un rojo oscuro, estaba avergonzada.
Mantuve su paso, esperando que su enfado pasara rápido. Usualmente me
perdonaba rápido.
— Fuiste tú quien mencionó que nunca te había visto en gimnasia —le explique.—
Eso despertó mi curiosidad.
No respondió, sus cejas se juntaron.
Se detuvo de repente en el aparcamiento cuando se dio cuenta de la manera en que
mi coche estaba bloqueado por una multitud de estudiantes.
Me pregunto cómo de rápido han ido en este bólido…
Mira la palanca de cambios. Nunca he visto una así fuera de las revistas…
Increíble carrocería…
Desearía tener sesenta mil dólares…
Esto era exactamente por lo que Rosalie debía usar su cochce fuera de la cuidad.
Atravesé la muchedumbre de chicos hacia mi coche, tras un segundo de vacilación,
Bella me siguió.
— Ostentoso —murmuré mientras se subía.
— ¿Qué tipo de coche es? —Preguntó.
— Un M3.
Frunció el seño.
— No hablo idioma automovilístico.
— Es un BMW.
Puse mis ojos en blanco y luego me concentré en retroceder sin atropellar a nadie.
Tuve que mirar a los ojos a unos chicos que no parecían dispuestos a moverse de mi
camino. Medio segundo después de mirarlos a los ojos pareció ser suficiente para
convencerlos.
— ¿Todavía estás enfadada? —le pregunté. Su ceño parecía relajado.
— Definitivamente —respondió cortante.
Suspiré. Quizás no debería haber sacado el tema. Está bien. Trataría de enmendarlo,
supongo.
— ¿Me perdonarías si me disculpo?
Ella lo pensó un momento.
— Quizás,… Si lo dices en serio —decidió— y si prometes no hacerlo otra vez.
No iba a mentirle, pero no había manera de que pudiera acordar eso. Quizás si le
hacia otra oferta.
— ¿Qué tal si me disculpo en serio, y accedo a dejarte conducir este sábado? —Sentí
vergüenza ante este pensamiento.
La arruga entre sus cejas se acentuó mientras consideraba la nueva oferta.
— Hecho —contestó poco después.
Ahora mi disculpa… Nunca había intentado deslumbrar a Bella a propósito, pero
ahora parecía un buen momento. La miré profundamente a los ojos mientras nos
alejábamos del instituto, preguntándome si lo estaba haciendo bien. Usé mi tono más
persuasivo.
— Entonces,… Siento mucho haberte molestado.
Los latidos de su corazón latieron más fuerte que antes. Sus ojos se ensancharon
pareciendo atónitos.
Sonreí. Parecía que lo había hecho bien. Por supuesto, aunque yo también estaba
teniendo un poco de dificultad en dejar de mirarla. Igualmente deslumbrado. Era algo
bueno que tuviera este camino para memorizar.
— Estaré en tu puerta el sábado a la mañana —agregué, finalizando el acuerdo.
Ella pestañeó rápidamente, sacudiendo su cabeza como si debiera aclararse.
— Mmm —dijo— Que sin explicación un Volvo se quede en la carretera no me ayuda
con Charlie.
¡Ah, que poco me conocía!
— No tengo pensado llevar el coche.
— ¿Cómo…? —empezó a preguntar.
La interrumpí. La respuesta sería difícil de explicar sin una demostración, y ahora no
era el momento.
— No te preocupes por eso. Estaré ahí sin coche.
Puso su cabeza hacia un lado, y pareció por un momento que me iba a presionar para
más información, pero pareció cambiar de opinión.
— ¿Ya es mas tarde? —preguntó, recordándome nuestra incompleta conversación de
la cafetería.
Ella dejo pasar una pregunta difícil para volver con otra aun más.
— Supongo que sí —acordé, poco dispuesto.
Aparqué frente a su casa, mientras pensaba cómo explicarle, sin hacer mi monstruosa
naturaleza muy evidente, sin asustarla otra vez. ¿O eso estaba mal? ¿Minimizar mi
oscuridad?
Ella esperó con la misma expresión de interés que tenía en el almuerzo. Si hubiera
estado menos ansioso, su aparente calma me hubiera hecho reír.
— ¿Y todavía quieres saber por qué no puedes verme cazar? —Pregunté.
— Bueno, más que nada el motivo de tu reacción —dijo.
— ¿Te asusté? —pregunte, seguro de que lo negaría.
— No.
Traté de no sonreír. Fallé.
— Perdón por haberte asustado —y entonces mi sonrisa se desvaneció, así como mi
momentáneo humor.— Fue solo la idea de que estuvieras allí… mientras cazamos.
— ¿Estaría mal? —Preguntó.
La imagen mental fue demasiado. Bella, tan vulnerable en la vacía oscuridad, yo
fuera de control… traté de desterrarlo de mi cabeza.
— Extremadamente mal.
— ¿Por qué…?
Respiré profundamente, concentrándome por un momento en la sed quemando mi
garganta. Sintiéndolo, probando mi dominio de éste. Nunca más, me controlaría. Sería
seguro para ella. Miré las nubes, sin mirarlas en realidad, deseando que pudiera creer que
mi determinación hiciera alguna diferencia si estuviera cazando cuando su esencia se
cruzara en mi camino.
— Cuando cazamos… nos entregamos a nuestros sentidos —le dije, pensando cada
palabra antes de decirla.— Nos domina más el sentido del olfato. Si estuvieras cerca
cuando pierdo el control así…
Sacudí mi cabeza con agonía ante el pensamiento de lo que habría, no que podría,
que habría pasado seguramente.
Escuché el acelerar de su corazón, y me volví para leer sus ojos.
Bella tenía su cara compuesta. Su boca estaba presionada ligeramente en lo que,
adiviné era preocupación. Pero, ¿preocupación por qué? ¿Su propia seguridad? ¿O mi
angustia? Continúe mirándola, tratando de traducir su ambigua expresión.
También me miró. Sus ojos se ensancharon un poco, y sus pupilas se dilataron.
Mi respiración se aceleró, y de repente la calma del coche pareció no estar, como en la
oscura aula de biología esta tarde. La pulsante electricidad creció entre nosotros otra vez, y
mi deseo de tocarla fue más fuerte que mi sed.
La fuerte electricidad me hizo sentir como si tuviera pulso otra vez. Mi cuerpo se
estremeció con él. Como si fuera humano. Más que a nada en el mundo, quería sentir el
calor de sus labios contra los míos. Por un momento pensé desesperadamente encontrar la
fuerza, el control, ser capaz de poner mi boca cerca de su piel.
Rompió a respirar aceleradamente, y me di cuenta que cuando yo empezó a respirar
rápido, ella había dejado de respirar.
Cerré mis ojos, tratando de romper la conexión entre nosotros.
Sin cometer más errores.
La existencia de Bella estaba atada a miles de delicados balances, tan fácilmente
desbaratados. La rítmica expansión de sus pulmones, el fluir de su respiración, era vida o muerte para ella. La agitada cadencia de su frágil corazón podría detenerse por tantos
estúpidos accidentes o enfermedades o… por mí.
No creía que ningún miembro de mi familia hubiera dudado si ella o él le ofrecieran
una oportunidad para volver atrás, si él o ella pudieran cambiar la inmortalidad por la
mortalidad otra vez. Ninguno de nosotros se quedaría en el fuego por esto. Quemado por
tantos días o décadas era necesario.
La mayoría de los de nuestra clase elegirían la inmortalidad por sobretodo lo demás.
No nosotros. No mi familia. Nosotros daríamos lo que fuera por ser humanos.
Pero ninguno de nosotros estuvo tan desesperado de volver el tiempo atrás como yo
lo estaba ahora.
Miré a través del cristal, como si hubiera alguna solución allí, escondida en el cristal
del coche. La electricidad no se había debilitado, y yo tenía que concentrarme en mantener
mis manos en su lugar.
Mi mano me empezó a cosquillear sin dolor otra vez, desde que la había tocado
antes.
— Bella creo que deberías entrar en casa, ahora.
Me hizo caso, sin ningún comentario, saliendo del coche y cerrando la puerta al salir.
¿Sintió la potencia para el desastre como yo?
¿Le dolía irse, tanto como a mí me dolía dejarla ir? El único consuelo era que la vería
pronto. Mas pronto de lo que ella me vería a mí. Sonreí ante eso, luego bajé la ventana y
me incliné para hablarle una vez más, era seguro ahora, con el calor de su cuerpo fuera del
coche.
Ella dio la vuelta para ver qué quería, curiosa.
¿Todavía curiosa? Me había hecho tantas preguntas hoy. Mi propia curiosidad estaba
insatisfecha, responder sus preguntas hoy solo reveló mis secretos. Había obtenido poco
de ella, salvo por mis propias conjeturas. Eso no era justo.
— Oh, Bella.
— ¿Si?
— Mañana es mi turno.
Su frente se arrugó.
— ¿Tu turno para qué?
— Para hacer las preguntas.
Mañana, cuando estemos en un lugar más seguro, lleno de testigos, obtendría mis
propias respuestas. Sonreí ante eso, y luego me alejé porque ella no dio señales de
moverse. Aún con ella fuera del coche, la electricidad zigzagueaba en el aire. Yo quería
salir también, caminar a su lado hasta la puerta como una excusa para quedarme con ella.
No más errores. Suspire y ella desapareció detrás de mí.
Parecía como si siempre corriera hacia Bella o corriera lejos de Bella, nunca
quedándome en quieto, con ella. Debería encontrar alguna manera de permanecer quieto en un lugar, ya que el sábado íbamos a tener algo de intimidad

Llegue a casa, y me dirigi al piano, la visión de Alice aun me seguía alterando, y la poca disposición de Bella en contarle a su padre que pasaría la tarde conmigo me tenia contrariado

Deslice mis dedos por la superficie del piano, y toque su nana, todos en la casa pararon de hacer sus actividades cuando me escucharon

Otra vez esa canción rara – Emmett
Edward está tocando nuevamente, creí no se repetiría otra vez – Esme
Edward, tranquilo, ella esta bien, tengo un ojo en su futuro – Alice

— Gracias – dije

En la noche como ya se me venia haciendo costumbre fui a casa de Bella, estaba inquieta, afortunadamente ella había dejado la ventana abierta, y las sombras me cubrían, en una de sus movimientos se despertó abruptamente, y miro alrededor, suspiro y se acosto nuevamente, al pasar los minutos supe que se había dormido, se veía tan tierna, con el seño arrugado, quería pasar mi dedo por su frente para alizar la pequeña arugita que se formaba entre sus cejas.

—Edward — suspiro

Las emociones de la vez pasado se hicieron presente, que tonto había sido al pensar que no iba a enamorarme de ella, cuando caer había sido tan fácil.

—Edward — dijo nuevamente  y yo desconecte mi cerebro de todo lo demás
Me fui antes de que saliera el sol, y ya estaba devuelta a su casa, Charlie se había marchado hace solo cinco segundos, y yo ya esta posicionado en la entrada esperando a que ella bajara, escuche atentamente, se asomo por la ventana del segundo piso y bajo.

No la mire directamente ya que estaba concentrándome, cuando subió al auto su esquicito olor hizo llamear mi garganta pero ya no sentía las ancias de abalanzarme aunque aun provocaba un poco de sed.

—Buenos días —le salude alejándome de esos pensamientos—. ¿Cómo estás hoy? —pregunte sabiendo que había tenido una noche revoltosa pero ella contesto
Bien, gracias
Inspecione su cara tenia ojeras, que delataban su  noche poco pacifica
—Pareces cansada – dije 
—No pude dormir —confesó, y de inmediato se removió la melena sobre el hombro y su olor inundo mi nariz.
—Yo tampoco —bromee mientras encendía el motor.
—Eso es cierto —se rio—. Supongo que he dormido un poquito más que tú.
—Apostaría a que sí.
— ¿Qué hiciste la noche pasada? – pregunto
—No te escapes —reí entre dientes—. Hoy me toca hacer las preguntas a mí.
—Ah, es cierto. ¿Qué quieres saber?
Torció el gesto. Como si no quisiera responder ninguna de mis preguntas
— ¿Cuál es tu color favorito? —pregunté con rostro grave.
Puso los ojos en blanco.
—Depende del día.
Qué extraña respuesta, por lo general los humanos responden un color de imediato, ella siempre me sorprendía
— ¿Cuál es tu color favorito hoy? —seguí muy solemne.
—El marrón, probablemente.
No pude evitar resoplar
— ¿El marrón? —inquirí con escepticismo. Como podía ser ese su color favorito hoy
—Seguro. El marrón significa calor. Echo de menos el marrón. Aquí —se quejó—, una sustancia verde, blanda y mullida cubre todo lo que se suponía que debía ser marrón, los troncos de los árboles, las rocas, la tierra.
Quería reír arte su lógica, pero me quede mirando sus ojos, siendo  ese era el color de sus ojos, en ellos siempre había una calidez que descongelaba mi frio corazón
—Tienes razón —decidí, serio de nuevo—. El marrón significa calor
Ella era cálida, sus ojos eran muy cálidos.
Extendí mi mano y retire su sedoso cabello, de su hombro, solo era una escusa para poder tocarla
Contrólate me repetí  a mi mismo cuando mi mente se imaginó acariciando su cabello desde la raíz hasta la punta
Ya habíamos llegado al instituto le di la espalda mientras aparcaba para evitar que mis manos le tocasen
— ¿Qué CD has puesto en tu equipo de música? —le pregunte queriendo descubrir su mente mas profundamente
Me dijo el nombre del grupo y yo enarque una ceja — ¿De Debussy a esto? — ella escuchaba la misma música que yo tenía en mi colección, no era mi favorito pero si hacia parte de mis gustos
El resto del día, le seguí preguntado cosas, cada pequeña cosa para mí era importante y cada respuesta la iba ubicando en mi pequeña lista, las películas, lugares, comida, todos y cada uno de los pequeños detalles de ella. La acompañe en cada clase, sintiéndome ansioso mientras esperaba la siguiente para buscarla, hablamos de todo, sobre todo de libros, era una persona muy culta, discutimos los temas de algunos y cuáles eran sus favoritos, aunque yo ya sabía que era una fanática de los clásicos, me encanto saber que algunas de mis teorías eran correctas.
Lanzaba pregunta tras pregunta y ella respondía, me di cuenta de que algunas la hacia sonrojarse, pero respondía y luego yo cambiaba la pregunta 
— ¿Cuál es tu piedra favorita?— pregunte
—El topacio — dijo
Ella se sonrojo como me hubiese dicho el color de su ropa interior, así que no desvíe mi mirada de la suya, pero su mutismo me desespero asi que le ordene que me dijera
—Es el color de tus ojos hoy —musitó, rindiéndose y mirándose las manos mientras jugueteaba con un mechón de su cabello—. Supongo que te diría el ónice si me lo preguntaras dentro de dos semanas. 
Ella está pendiente a mí, a mis cambios, igual que yo a los de ella, sentí una calidez en mi pecho pero decidí no delatarme y pregunte
— ¿Cuáles son tus flores favoritas?
Suspiro, y respondió, seguí preguntándole mas cosas, hasta que el señor Banner  en el aula arrastrando otra vez el equipo audiovisual, aleje mi silla de ella, para que no me invadiera la sensación de ayer, Bella se percato de esto, pero fue en vano la electricidad se hizo presente en el momento que el aula quedo oscura, y los deseo de tocarla fueron mucho mayores, ella forzó su postura el mentón sobre los brazos doblados y los dedos ocultos aferraban el borde de la mesa. Yo coloque mis brazos apretados a mi pecho y evite mirarla a toda costa, no podía decir que estaba viendo la película porque tampoco le preste atención. Pero fui débil y termine contemplándola, su hermoso rostro tenía una arruguita por la concentración y  mordía su labio inferior con suavidad, era tan hermosa, la palabra hermosura era poco en comparación a ella, mis manos comenzaron a picar nuevamente sin dolor, pero aguante el deseo, al final el señor Banner encendió las luces  y ella se estiro, y busco mis ojos, yo me quede mirándola con adoración.
Me levante en silencio, aun aturdido por su presencia, me detuve a esperarla y la acompañe a gimnasia nuevamente, y también como el día anterior mi mano cobro vida y acaricie su rostro, pero esta vez con la palma de mi mano
Es suficiente me ordene, pero seguí delineando su rostro, así que me detuve cuando acaricie sus mandíbula y me gire sin decir nada.
Hoy Bella no jugo y era algo bueno asi no debía estar tan preocupado de su seguridad
 Segui mi interrogatorio hata que se hizo tarde, Charlie estaba llegando  
—Charlie estará aquí en cuestión de minutos, por lo que a menos que quieras decirle que vas a pasar conmigo el sábado...
Enarque una ceja.
—Gracias, pero no —dijo, reunió sus libros—. Entonces, ¿mañana me toca a mí?
— ¡Desde luego que no! —Exclamé con fingida indignación—. No te he dicho que haya terminado, ¿verdad?
— ¿Qué más queda?
—Lo averiguarás mañana.
Extendí una mano para abrirme la puerta sentí su calor muy cerca de mi, escuche el  alocado palpitar su corazón. pero algo llamo mi atención
Cullen - dijo en su mente – maldita sanguijuela
Era un Quileute un asquerroso perro, venían a ver a Charlie, y lo peor me había reconocido, el creía las leyendas, el sabia mi secreto. Y mi mano se paralizó en la manija.
—Mal asunto —murmure.
— ¿Qué ocurre?
Me miré por un instante y le dije con desánimo:
—Otra complicación — Y una grande ella era amiga de mis enemigos
Abrí la puerta de golpe con un rápido movimiento, me aparte de ella con igual velocidad.
Ella observo el coche de los Black acercándose, dirigiéndose hacia nosotros. Y cerca venia Charlie
—Charlie ha doblado la esquina —le avise mientras vigilaba atentamente al otro vehículo a través del aguacero el hombre mayor también me observaba a mí.
A pesar de la confusión y la curiosidad, ella se bajó de un salto, claro que ella estaba confundida, ella no sabía la amenaza silenciosa que nos lanzábamos, a penas ella dejo el auto me fui lejos de allí, sintiendo como ella me observaba desde lejos.

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